A estas alturas muchos ya estarán al tanto de la mala fama que se ha ganado Return to Silent Hil; muchos fans seguro esperaban mucho de la tercera película de la aclamada franquicia de Konami, siendo quizá la principal queja los cambios realizados a comparación del videojuego de Silent Hill 2 de donde se basa largometraje.
Desde el título elegido para Hispanoamérica se notó que ya hay algo extraño, adaptándose el nombre de la película al español como Terror en Silent Hill: Regreso Al Infierno, dándonos una pista de las tantas libertades creativas que se dieron en este filme.
La película arranca como la típica historia de amor: chico casi atropella a chica y ella se enamora del chico. Todo ambientado en las afueras del hermoso poblado de Silent Hill, rodeados de vegetación, montañas y un bello lago que nos recuerda a una típica pintura de Bob Ross lleno de arbolitos felices. De ahí todo se va distorsionando cada vez más con un James Sunderland (en el presente) que se ve atormentado por su pasado.

Es aquí cuando la historia se va asemejando a lo que vimos en el segundo juego: James recibe una carta de su desaparecida amada Mary y pese a las advertencias que le hace su psicóloga (nuevo personaje) decide volver a un derruido Silent Hill. La ambientación del pueblo es de las cosas de las que no hay quejas; vemos sitios emblemáticos como el Hotel Lakeview, el club Heaven’s Night, el Hospital Brookhaven y las calles de Silent Hill en total desolación. Aunque parte de la película transcurrirá en el pasado cuando el pueblo estaba lleno de vida y donde extraños sucesos relacionados con cultos están sucediendo a las espaldas del ciudadano común (parecido a lo que pasó en la primera película).





